Quería comprobar con mis propias manos si una web hecha 100 % con inteligencia artificial puede posicionar en Google. Así que me compré un dominio nuevo, monté donde-aparcar.es y me puse a mirar qué pasaba.
La idea: usar la IA para responder mejor, no para escribir más
Google no prohíbe el contenido hecho con IA. Lo tiene escrito:

«La IA puede ayudar a generar contenido útil de formas novedosas e interesantes». Para mí esa es la clave. Si uso la IA, es para intentar responder la intención de búsqueda mejor que nunca y hacer cosas que antes no podía: investigar más a fondo un asunto, crear un elemento interactivo, montar piezas que contesten mejor lo que el usuario busca.
El experimento
Un dominio nuevo, un centenar largo de URLs con una intención de búsqueda muy clara («dónde aparcar en [pueblo]») y la IA puesta a construir una herramienta que no había en Google.
Porque lo que hay en esas búsquedas son listados de parkings. Y quien busca dónde aparcar en Cullera no quiere un listado: quiere saber dónde dejar el coche para ir a la playa de Sant Antoni un sábado de agosto, y si ahora mismo se paga o no.
Cómo funciona la herramienta

- «¿A dónde vas?» Escribes una calle o eliges un destino (el castell, la playa, el mercadillo del jueves) y te calcula las mejores opciones a pie.
- «¿Se paga ahora la zona azul?» No te suelta el horario y ya: te dice si se paga en este momento y hasta cuándo.
- Un mapa con capas que enciendes y apagas: gratis, zona regulada, de pago y dificultad.
- Dónde aparcar según tu plan, con cada opción explicada, sus minutos a pie y el botón para llegar.
Y respuestas concretas, que es lo que no da un listado. En Cullera hay dos bolsas gratuitas enormes, de 21.000 y 12.500 m², a un paseo de la arena, y en una de ellas «siempre hay hueco, incluso el 15 de agosto». En Benidorm, 8.000 plazas gratis en disuasorios con bus incluido. En Xàbia, el sistema de cupo de la Granadella, con tren incluido.
La investigación la hizo la IA, pero con reglas
Aquí la IA ha sido una bestia: ordenanzas municipales, concesionarias, apps de parquímetro, prensa local y cartografía, ciudad a ciudad. Pero no la dejé suelta. Las reglas están publicadas en la propia web, en cómo hacemos los mapas:
- Si dos fuentes se contradicen, gana la oficial, y a igualdad, la más reciente.
- Ningún precio se publica sin dos fuentes independientes o una fuente oficial fechada.
- Una calle que no se puede localizar en el mapa real no se pinta: se anota como pendiente. Mejor un mapa incompleto que uno con tramos inventados.
- Decir «aquí no hay zona azul» exige pruebas.
Esa última regla salió de un error, y la web lo cuenta tal cual: dimos un pueblo por «sin zona azul» y sí la tenía, escondida en la app del operador detrás de un desplegable. Desde entonces esa comprobación va por triplicado.
El resultado, con poco más de un mes de vida

Ya genera tráfico. La ficha que más tira es precisamente Cullera, con 113 clics. Y las palabras clave no dejan de subir:

Y aparece también en las respuestas con IA de Google:

Lo que queda por hacer

Hay que seguir trabajando: curar contenidos y mejorar la indexación. Es normal, la web no tiene autoridad y su presupuesto de rastreo es muy pequeñito.
Qué conclusiones saco
- La IA te puede hacer una investigación brutal. Siempre que le pongas reglas y le exijas fuentes.
- La IA no es muy creativa. Si le pides un diseño, te lo hará igual que a tu competencia. Tienes que darle directrices y estilo, y aportar ese toque humano único que haga tus diseños menos replicables y menos AI slop.
- Entender la intención de búsqueda sigue siendo lo más importante, y saber cómo contestarla. Al final va en línea con la misión de Google.
- No es la herramienta, es para qué la usas. La misma IA sirve para rellenar páginas o para construir algo que antes no existía. Google premia lo segundo.
Iré actualizando esta página con los datos según crezca la web.

